La pregunta
¿Podríamos decir que en Colombia el sistema fáctico de poder es capitalista pero el pueblo es proletario?
Esta pregunta, que surgió en una sesión de estudio sobre los fundamentos del Estado, abre una ventana para leer Colombia desde tres ópticas complementarias: la marxista, la weberiana y la arendtiana.
La distinción arendtiana
Arendt insistía en que poder y violencia son opuestos: el poder surge cuando las personas actúan juntas, en concierto, deliberando y decidiendo colectivamente. La violencia, en cambio, aparece precisamente cuando el poder se ha perdido.
Mira Colombia con esa lente: el conflicto armado de más de medio siglo, el paramilitarismo, el narcotráfico, la violencia estatal — todo eso, para Arendt, no sería una expresión de poder sino exactamente lo contrario: evidencia de su ausencia.
La desertificación política
Colombia sufre de lo que podríamos llamar una desertificación política: no es que la gente no quiera participar, es que el espacio donde la participación sería posible ha sido arrasado por la violencia.
«El sentido de la política es la libertad.» — Hannah Arendt
El exterminio de la Unión Patriótica, los líderes sociales asesinados cada semana, las regiones donde la gente no puede hablar libremente — todo eso configura una destrucción sistemática del espacio público arendtiano.
¿Y ahora qué?
La salida arendtiana no pasaría por la revolución violenta ni por el mero crecimiento económico, sino por la reconstrucción de espacios públicos donde los colombianos puedan aparecer como iguales, hablar, disentir y construir algo nuevo juntos.